Técnico instalando la central y los detectores de una alarma en un comercio

Una alarma de grado 2 es un sistema de seguridad contra intrusión y atraco diseñado para un riesgo bajo o medio. En España es el grado asignado a viviendas, pequeños establecimientos, comercios e industrias en general que pretenden conectar su alarma a una Central Receptora de Alarmas (CRA) o a un centro de control.

El grado no describe un aparato concreto ni una lista comercial de funciones. Afecta al sistema completo: central, detectores, dispositivos de aviso, alimentación, comunicaciones y protección frente a manipulaciones deben responder al nivel previsto y estar integrados correctamente. Una cámara, una aplicación móvil o una segunda vía de comunicación pueden mejorar una instalación, pero no convierten por sí solas un kit en una alarma homologada de grado 2.

El marco legal distingue los grados de este modo:

GradoNivel de riesgoUso asignado por la normativa españolaConexión a central
Grado 1BajoSistemas con señalización acústica localNo se conectan a CRA ni a centro de control
Grado 2Bajo a medioViviendas, pequeños establecimientos, comercios e industrias en generalPrevisto para sistemas conectados a CRA o centro de control
Grado 3Medio o altoEstablecimientos obligados a adoptar medidas de seguridad y otras instalaciones cuyo riesgo lo exijaConexión exigida cuando corresponda por su actividad o circunstancias
Grado 4AltoInfraestructuras críticas, instalaciones militares y determinados establecimientos con explosivos, valores o materias peligrosasSegún la regulación aplicable al establecimiento

Un número mayor no significa que siempre sea la elección correcta. El grado debe corresponder al riesgo, al uso del inmueble y a las obligaciones que recaigan sobre la actividad.

Qué significa que una alarma sea de grado 2

Como referencia técnica, la Norma UNE-EN 50131-1 establece cuatro grados para los sistemas de alarma contra intrusión y atraco. La Orden INT/316/2011 sobre funcionamiento de los sistemas de alarma incorpora esa clasificación al ámbito de la seguridad privada y asigna el grado 2 a los inmuebles de riesgo bajo o medio que quieren conectarse a una central.

Esta clasificación pretende que el diseño guarde relación con la amenaza previsible. Para decidirla se valoran la naturaleza del local, su contenido, el riesgo de intrusión, el perfil probable del intruso y otros factores que puedan afectar a la instalación. No basta con contar puertas y ventanas ni con escoger el paquete que incluya más dispositivos.

También importa la coherencia entre componentes. Cuando una instalación se divide en subsistemas, el grado de cada uno equivale al componente de menor grado que contenga. A su vez, el grado global queda limitado por el subsistema de nivel más bajo. Incorporar una central certificada como grado 2 junto a detectores que no alcanzan ese nivel no permite certificar el conjunto como tal.

Dónde se instala una alarma de grado 2

Tener una alarma no es obligatorio para todas las viviendas y comercios. La Orden define el grado correspondiente cuando estos inmuebles contratan un sistema conectado a una CRA o centro de control, siempre que su actividad o circunstancias no requieran un nivel superior.

Viviendas conectadas a una Central Receptora de Alarmas

Pisos, chalets, segundas residencias y viviendas desocupadas son aplicaciones habituales. El proyecto debe adaptarse a los accesos, la distribución interior, las zonas de paso y la forma de uso de la casa. Una vivienda con jardín, garaje y varios puntos de entrada no necesita la misma cobertura que un piso con un único acceso desde el rellano.

Mediante la conexión profesional, las señales se reciben y verifican antes de comunicar una alarma confirmada a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Los sistemas de alarma para el hogar pueden incorporar detectores de apertura, movimiento o impacto y videoverificación, pero será el proyecto completo (no un dispositivo aislado) el que determine su conformidad.

Pequeños comercios, oficinas y actividades de riesgo bajo o medio

Una tienda, oficina, bar, taller o pequeña nave pueden encajar en el grado 2 cuando no pertenecen a una categoría obligada a adoptar medidas de seguridad superiores y el análisis confirma un riesgo bajo o medio. Horarios, mercancía, accesos secundarios, escaparates, almacenes y puntos con efectivo modifican las necesidades de detección.

En estos casos resulta especialmente útil sectorizar. Por ejemplo, una empresa puede mantener protegido el almacén mientras hay personal trabajando en las oficinas, o controlar por separado un muelle de carga y la entrada principal. Un proyecto de alarma para empresas debe resolver esos usos cotidianos sin dejar zonas sin cobertura ni generar falsas alarmas por una programación poco realista.

Cuándo el grado 2 no es suficiente

Los establecimientos obligados a disponer de medidas de seguridad (o aquellos a los que se imponga una protección superior por su actividad, contenido o circunstancias) deben ajustarse al grado 3. La autoridad competente también puede modificar el grado asignado después de valorar el caso concreto.

Por eso no conviene trasladar automáticamente a una joyería, entidad financiera o actividad con bienes de especial valor la solución utilizada en una vivienda. Antes de presupuestar equipos hay que determinar qué normativa afecta al establecimiento y si existe una obligación específica.

Qué exige la normativa a un sistema conectado a CRA

Cumplir el grado 2 va más allá de comprar componentes que incluyan esa expresión en su ficha. La instalación conectada entra en el ámbito de la seguridad privada y debe cubrir varias condiciones.

Instalación por una empresa de seguridad autorizada

Cuando el sistema se vaya a conectar a una central de alarmas o centro de control, las operaciones de instalación y mantenimiento deben realizarlas empresas de seguridad autorizadas. La conexión exige, además, que la instalación haya sido ejecutada por una empresa inscrita en el registro correspondiente.

Esta intervención profesional no es un trámite añadido al final. La ubicación de los detectores, la supervisión de las comunicaciones, la autonomía eléctrica, la programación de zonas y la transmisión de incidencias forman parte del resultado que se certifica.

Proyecto y certificado de instalación

El proyecto debe seguir la guía de aplicación UNE-CLC/TS 50131-7 y definir el diseño, la instalación, el funcionamiento y el mantenimiento del sistema. Una de sus finalidades es reducir falsas alarmas mediante una cobertura y una configuración acordes con el inmueble.

Al terminar, el certificado de instalación acredita que el proyecto y su ejecución se ajustan a las exigencias aplicables. El titular también debe recibir información escrita sobre el funcionamiento del servicio, sus características técnicas y funcionales y las responsabilidades asociadas a la conexión.

Componentes conformes y compatibles

En los sistemas sujetos a la normativa de seguridad privada, los elementos deben cumplir, como mínimo, el grado y las características establecidos por las normas UNE-EN aplicables y contar con la evaluación de conformidad correspondiente.

Certificar cada componente por separado no resuelve una integración deficiente. Una central, un detector y un transmisor adecuados pueden no formar un sistema válido si su funcionamiento conjunto impide supervisar un sabotaje, transmitir una avería o registrar correctamente los eventos.

Qué componentes suele incluir

No existe un kit único válido para cualquier vivienda o negocio. Una instalación habitual puede reunir:

  • Central de intrusión: recibe las señales, gestiona las zonas y registra los eventos del sistema.
  • Fuente de alimentación y batería: mantienen la instalación y permiten detectar o comunicar fallos de red y alimentación.
  • Teclado, mando o medio de control: sirven para armar, desarmar y consultar estados según los permisos configurados.
  • Detectores: contactos magnéticos, volumétricos, detectores de impacto u otros elementos seleccionados para cada punto de riesgo.
  • Dispositivos de aviso: pueden incluir sirena interior o exterior, siempre dentro del diseño y las condiciones aplicables.
  • Equipo de transmisión: comunica alarmas, sabotajes, averías y otros eventos a la CRA.
  • Videoverificación o audioverificación: recursos opcionales que ayudan a confirmar la causa de una señal cuando se instalan y utilizan conforme a la normativa.

Los dispositivos de control y determinados equipos del grado 2 cuentan con supervisión frente a apertura o manipulación. Aun así, no debe resumirse el grado como «alarma antisabotaje» o «alarma antiinhibición»: las prestaciones concretas dependen de los componentes, las vías de transmisión y el proyecto certificado.

¿Debe tener doble vía de comunicación?

Frente al fallo del canal principal, una doble vía puede mejorar la continuidad de la transmisión al utilizar un canal alternativo. Sin embargo, la normativa contempla sistemas con una o dos vías y establece comprobaciones diferentes para cada configuración. No es correcto presentar la doble vía como una condición universal que, por sí sola, define el grado 2.

Corresponde a la empresa instaladora seleccionar la solución de comunicación adecuada al riesgo y a la disponibilidad de redes en el inmueble. En una nave aislada, por ejemplo, la cobertura móvil y la estabilidad de la conexión fija condicionan el diseño; en un comercio urbano pueden darse otras combinaciones.

¿Puede ser cableada o inalámbrica?

Ambas tecnologías pueden formar parte de una instalación de grado 2 si los equipos cumplen el nivel exigido y el sistema se diseña, instala y certifica correctamente. Lo inalámbrico no equivale a doméstico ni lo cableado garantiza por sí mismo un grado superior.

Obra disponible, distancias, materiales constructivos, interferencias, ampliaciones previstas y mantenimiento condicionan la decisión. En muchos proyectos se adopta una solución híbrida para aprovechar las ventajas de las dos opciones.

Cómo se diseña e instala paso a paso

El proceso profesional evita que la certificación se convierta en una simple comprobación documental al final:

  1. Análisis del inmueble y del riesgo. Se revisan actividad, accesos, cerramientos, horarios, bienes protegidos, ocupación y posibles formas de intrusión.
  2. Definición del grado aplicable. Se comprueba si el inmueble encaja en el grado 2 o si existe alguna obligación que exija grado 3.
  3. Diseño de zonas y niveles de detección. La protección puede comenzar en el perímetro y continuar en las rutas de paso y espacios con bienes de especial interés.
  4. Selección de equipos compatibles. Todos los elementos deben alcanzar el nivel previsto y permitir una integración coherente.
  5. Instalación y programación. Se fijan detectores y dispositivos y se configuran usuarios, tiempos, particiones, avisos, transmisión y respuestas frente a fallos.
  6. Pruebas y conexión con la CRA. Se comprueba la recepción de alarmas, sabotajes, averías y eventos por las vías habilitadas.
  7. Certificado, manuales y formación. El usuario recibe la documentación y aprende a utilizar el sistema sin provocar incidencias evitables.

Los cambios en el inmueble también obligan a revisar la cobertura. Una estantería alta delante de un detector, una reforma que crea un nuevo acceso o la transformación de una oficina en almacén pueden dejar obsoleto el diseño original.

Qué ocurre cuando salta la alarma

En la CRA, los operadores reciben y tratan las señales mediante procedimientos destinados a determinar si existe una alarma real. Según el sistema instalado, la verificación puede ser secuencial, mediante vídeo, audio o comprobación personal, entre otros métodos previstos.

Una llamada al usuario complementa esas comprobaciones, pero no sustituye por sí sola los procedimientos técnicos o humanos necesarios para considerar confirmada una alarma. Cuando la central confirma el incidente, comunica la información disponible al servicio policial correspondiente.

Segurinter dispone de Central Receptora de Alarmas propia, desde la que se reciben señales por distintas vías de comunicación y se gestionan los avisos durante las 24 horas del día.

Revisiones y mantenimiento de una alarma de grado 2

Superar la puesta en servicio no garantiza que la instalación siga funcionando correctamente años después. Baterías agotadas, cambios de cobertura, fallos de comunicación o dispositivos manipulados pueden reducir la protección sin que resulte evidente para el usuario.

Para el mantenimiento, la Orden contempla revisiones trimestrales y establece que no pueden transcurrir más de cuatro meses entre dos revisiones sucesivas. Cuando el sistema dispone de las funciones necesarias, algunas comprobaciones pueden realizarse mediante autotest y comunicación bidireccional, con la colaboración del usuario para los elementos que no admitan prueba remota.

También se realiza un mantenimiento presencial anual. En él se revisan, entre otros aspectos, la alimentación, la central, los teclados, los detectores, los actuadores, la operativa habitual, las comunicaciones y el registro de incidencias. El técnico debe documentar las pruebas y entregar una copia firmada al usuario.

Una avería no debe esperar a la siguiente revisión programada. Pérdidas de comunicación, avisos persistentes de batería, detectores dañados o cambios relevantes en el inmueble requieren la intervención del servicio técnico.

Errores que impiden acreditar correctamente el grado 2

  • Comprar un kit y asumir que la etiqueta certifica la instalación. El grado corresponde al sistema integrado y al proyecto, no al embalaje de un conjunto de dispositivos.
  • Mezclar componentes de distintos grados. El elemento o subsistema de menor nivel limita la clasificación global.
  • Confundir una aplicación móvil con una CRA. Recibir una notificación en el teléfono no equivale a un servicio profesional de recepción y verificación de alarmas.
  • Añadir una cámara y dar por resuelta la verificación. El vídeo debe estar asociado a la detección, cubrir la zona correspondiente y operar bajo las condiciones normativas.
  • Elegir grado 2 para una actividad obligada a grado 3. La evaluación legal debe preceder a la selección de equipos.
  • Olvidar las revisiones. Una instalación certificada puede perder eficacia si no se comprueban alimentación, detectores, comunicaciones y cambios en el entorno.

Una instalación ajustada al riesgo real

El punto de partida no debería ser cuántos sensores incluye una oferta, sino qué se quiere proteger, cómo se utiliza el inmueble y qué grado exige el caso. A partir de ahí se diseñan la detección, las comunicaciones, la verificación y el mantenimiento como partes del mismo sistema.

Segurinter puede estudiar viviendas, comercios y empresas para determinar la solución aplicable, instalar equipos homologados y conectar el sistema a su CRA. Esta valoración previa permite distinguir una alarma de grado 2 correctamente certificada de una suma de dispositivos que solo lo parecen.